Conflicto capital/vida: La cultura del cuidado debería convertirse en el faro que articule las leyes, las políticas y la fiscalidad

El pasado 13 de mayo, en el marco de las charlas propuestas por el Goethe- Institut de Barcelona, tuvo lugar el encuentro: “Desafíos de la economía feminista: el conflicto capital-Vida, que puso sobre la mesa las principales propuestas de las alternativas feministas frente al deterioro del estado de derecho y del aumento de las desigualdades durante la Pandemia.

Por Virginia Fernández Ruiz,

En un contexto en el que parece existir un caldo de cultivo cada vez más favorecedor para el auge de los fascismos, los movimientos sociales y sindicales, y concretamente el movimiento feminista se ven en la obligación de generar espacios de debate, capaces de poner sobre la mesa las prioridades más urgentes a la hora de abordar la construcción de un modelo de producción, de consumo y planteamiento vital distinto, donde las redes ciudadanas de apoyo y cuidado mutuo se vislumbran de cara al futuro como un requisito fundamental para la supervivencia.

En ese sentido, las ponentes invitadas a esta charla, las activistas y eco-feministas Yayo Herrero, Verónica Gago (Argentina) y Anna Saave (Alemania) parecían claramente de acuerdo en enfatizar la necesidad de generar modelos distintos de relación con la naturaleza y de establecer luchas desde los movimientos sociales y sindicales, a la hora de abordar el actual contexto económico e histórico en el que nos encontramos.

Un momento en el que uno de los principales desafíos consiste en cuestionar nuestro modelo de vida occidental, donde es muy necesario hacer un cambio cultural de paradigma vital, en relación a lo que se considera suficiente para vivir bien.

Las políticas de la izquierda actual no llegan a poder cubrir o solucionar en la medida de lo deseable los problemas de desigualdad y explotación actual, en parte por la esencia misma del modelo sistémico en el que nos encontramos, y que es asimilado por la mayoría de los estados (independientemente de la ideología), donde predomina la super producción o el extractivismo de los recursos, a una escala no asumible por el planeta.

El problema del extractivismo y el decrecimiento forzado

Tal y como expuso Yayo Herrero, ingeniera, profesora y activista eco-feminista, “el decrecimiento material es una cuestión irrefutable, no es una opción ecologista, es un dato. La economía decrecerá por las buenas o por las malas. Decrecer por las malas significa estar abocados al fascismo territorial o eco fascismo. Forzar el mantenimiento de un sistema privilegiado a costa de que los sectores más vulnerables de la sociedad sean eliminados o expulsados hacia los márgenes “.

Llegado a este punto, el verdadero dilema se encuentra en los modelos de organización y de lucha desde los cuáles podremos afrontarlos, a la hora de generar modelos de subsistencia, donde lo realmente importante sea generar comunidad y estilos de vida que tengan significado desde un punto de vista más humano. Sin abandonar por ello la lucha por cambiar un modelo económico y político institucional que sigue generando un círculo vicioso, en relación a aumentar y perpetuar la deuda y la precariedad.

“Los datos de huella ecológica muestran que para poder sostener los modelos materiales de vida de los países desarrollados, es necesario avanzar en un proceso de saqueo y extractivismo en los países del sur global y de la periferia de la propia Europa (de Litio, Uranio y Cobre), de los que occidente depende, en lo que abastecimiento de recursos energéticos y alimentarios se refiere”. En ese sentido, según su opinión, la Pandemia no hizo más que intensificar las dinámicas extractivistas, potenciando a su vez la violencia social y financiera derivada de este modelo.  

Contrastes entre América Latina y Alemania, en las prioridades de las luchas feministas en lo que respecta al decrecimiento

En ese sentido, Verónica Gago, doctora en ciencias sociales, periodista y militante del colectivo NiUnaMenos, puso como modelo la fortaleza del movimiento feminista en América Latina, a la hora de ser capaz de vertebrar la lucha popular de resistencia feminista y sindical desde abajo, en términos de dar una respuesta, desde las redes de solidaridad y auto gestión feminista ante las carencias de abrigo y de alimento en tiempos de crisis.

Enfatizando el hecho de que es importante recordar que hay muchas maneras de hacer política, más allá de las propuestas gubernamentales oficiales, las cuales por lo general van muy lentas o no bastan para hacer frente a la precariedad. Existe en América Latina también la prioridad de centrar el debate, en lo que respecta al decrecimiento, en la necesidad de acabar con la deuda de los estados, si realmente se quiere acabar con el circulo vicioso de la super producción y sus consecuencias en la precariedad y la pobreza de la población.

Esto contrasta con el planteamiento alemán, que vendría quizás a representar más la lógica occidental, donde la lucha feminista no se centra tanto en reivindicar que se perdone la deuda, sino en reivindicar que se garanticen las vías y las infraestructuras gubernamentales necesarias para cubrir las necesidades de aquellos sectores de la población que se ven abocados a responsabilizarse de los cuidados de una manera persistente y continuada, garantizando unos contratos dignos asalariados a las cuidadoras.

Según Anna Saave, especializada en política económica eco-feminista, también existe en Alemania una batalla cultural que librar, con respecto a cuestionar una mentalidad dirigida hacia ser más productivo y eficiente, en una sociedad que fuerza a simultanear lo laboral y lo familiar, en un equilibrio imposible. Por ello también, en Alemania, desde el movimiento feminista se reivindica la posibilidad de que exista una renta básica específica para cuidadores.

Construir en positivo desde el decrecimiento

¿Cómo construir basándose en el decrecimiento? es algo que deberíamos trabajar en tres ejes clave, según Yayo Herrero. El primero sería el Principio de suficiencia: abrir un debate sobre qué significa vivir con lo suficiente, aprender a vivir con menos, dar valor a las relaciones dotadas de afecto, compromiso y significado. El segundo tendría que ver con el reparto de la riqueza: es decir, que la cultura del cuidado se convierta en faro y articule las leyes de extranjería, de fiscalidad, incidiendo positivamente en la política orientada a fomentar los servicios públicos. El tercero estaría relacionado con el reparto del cuidado de la vida: todo lo que tiene que ver con los cuidados infantiles, geriátricos, el que compete a las trabajadores domésticas… la distribución de las tareas se haga con una corresponsabilidad asumida de manera equilibrada por todos los hombres, las mujeres y las instituciones.

Por último, tener en cuenta también que aunque las distopías nos ayudan a imaginar escenarios posibles, mostrando la crudeza de hasta donde se puede llegar si seguimos incentivando el sistema capitalista tal y como lo conocemos, lo que puede ser interesante para mantener una visión crítica del sistema, también éstas pueden derivar en posturas derrotistas y conservadoras. Debido a que el pesimismo puede conducir hacia la inacción. Motivo por el cuál es necesario también usar la imaginación y tener en el horizonte el ideario de las utopías, con el fin de construir un mundo mejor, que está por reinventarse, a través de la cooperación, los cuidados y el apoyo mutuo.

Publicado por cuentameloenverde

Cooperación, empatía e imaginación son las claves para hacer el cambio posible.

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