La economía circular, entre los principales desafíos de la educación ambiental

Por Virginia Fernández Ruiz,

Hace unas semanas, salía a la luz una macroencuesta, en la que participaron alrededor de 1,22 millones de personas de 50 países, realizada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en colaboración con la universidad de Oxford, que mostraba que una amplia mayoría, el 64% de los sondeados, estaba a favor de emprender medidas urgentes en la lucha contra el cambio climático, percibido como una emergencia global.

Un dato que contrasta con la lentitud de gobiernos, empresas y ciudadanos para comprometerse a la hora de idear acciones concretas que sean determinantes para lograr transformar hábitos en un tiempo razonable.

En este contexto, los educadores ambientales se enfrentan a la necesidad de repensar la mejor manera de concienciar a los ciudadanos a la hora de impulsar un cambio en los hábitos de consumo, a través de la divulgación, cuyo objetivo es sensibilizar, pero sobre todo generar una voluntad de cambio real, desde el empoderamiento que proporciona el conocimiento, dentro de un marco jurídico, político y fiscal orientado a impulsar ese cambio en la ciudadanía.

En ese sentido, a nivel europeo, por ejemplo, en relación a la normativa que tiene que ver con la gestión de residuos, dentro del marco del Pacto Verde Europeo, se presentó en marzo de 2020 un Plan de Acción para la Economía Circular, cuya intención es idear productos más sostenibles, pero también reducir residuos.

“Si hablamos de la jerarquía de prioridades, se trata de potenciar todas aquellas iniciativas que tienen que ver con la reducción, el intercambio y la economía circular, en un plan ambicioso, donde lo realmente importante sería la suma de pequeñas acciones por parte de los ciudadanos”, según nos cuenta la Educadora Ambiental Mónica Fernández Moreno, que trabaja dentro de un proyecto pionero en Castellón, en materia de gestión de residuos y reciclaje.

Más que volver al campo, lo que ella considera una idea algo utópica, se trataría de apostar por vivir en ciudades más pequeñas, donde el ciudadano consumiera y gestionara sus residuos de manera distinta. Para ello, se requiere a ciudadanos que estén involucrados y comprometidos con un cambio en sus hábitos, y en ese aspecto, la reflexión en torno a cómo nuestras acciones impactan en nuestro entorno es una puerta de entrada para hacernos conectar con nuestro sentido de la responsabilidad, a la hora de poder exigir cambios a nuestros gobernantes, pero también, a la hora de empezar a actuar a pequeña escala.

INICIATIVAS Y NUEVOS REFERENTES

La economía circular pretende extender el ciclo de vida de los productos, a través de todas aquellas acciones que supongan reutilizar, reciclar, reparar y compartir productos y materiales todas las veces que sea posible. Un nuevo modelo que está muy ligado a modificar nuestra cultura de consumo, pero también los modelos de negocio actual.

Huertos urbanos, talleres de reciclaje, cursos en las universidades sobre sostenibilidad, charlas sobre economía circular han proliferado en los últimos años, pero sigue siendo muy necesario llegar a entender en qué se está fallando, para que no se esté produciendo el nivel de movilización necesario.

“El medio ambiente está ya bastante presente en los colegios a través de la educación no formal, pero lo que realmente hace falta es una labor de divulgación que esté más enfocada en incidir en los hábitos de los adultos, y especialmente en todos aquellos que no están aún concienciados”, afirma Mónica Fernández Moreno.

En la actualidad, además de dar información sobre reciclaje, su trabajo consiste en recabar datos a pie de calle en la ciudad de Castellón, para lograr evaluar a medio largo plazo los hábitos de reciclaje y gestión de residuos, con el fin de poder generar concienciación a través de la interacción directa con los ciudadanos.

En la Comunidad Valenciana se ha desarrollado un proyecto pionero en materia de reciclaje y de la gestión de residuos, incorporando la figura del educador ambiental como clave a la hora de proporcionar una mayor formación en este campo, tanto a los ciudadanos de a pie, como a los comercios y empresas afincadas en la ciudad. Dicho Plan Integral de Residuos estará vigente dos años, con posibilidad de ser prorrogado, lo que permitirá un mayor desarrollo de las iniciativas y una mayor capacidad para evaluar cuáles son las principales resistencias al cambio.

 Según nos cuenta Mónica una de las iniciativas que se están barajando de cara al futuro en esta comunidad es la recogida de residuos puerta a puerta, que obligaría a cada ciudadano a respetar y conocer las normas de reciclaje, con el fin de evitar posibles sanciones. Medidas disuasorias de este tipo deberían convivir con otras, enfocadas a mostrar las ventajas y beneficios de hacer las cosas bien, y que a veces también implica un ahorro en costes para las empresas y para el ciudadano.

En Cuéntamelo en Verde os ofrecemos un pequeño listado de proyectos e ideas de negocio que contribuyen a participar en la llamada economía circular. Os animamos a consultarlo, probar y a opinar sobre ello, para ser parte proactiva del cambio.

Publicado por cuentameloenverde

Cooperación, empatía e imaginación son las claves para hacer el cambio posible.

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