“El mayor drama del consumo es la trampa de la comodidad”, según Ana Etchenique, vicepresidenta de CECU

Consumo Responsable o Barbarie, en plena época consumista del Black Friday

Por Virginia Fernández Ruiz.

El denominado “Black Friday” parece haber venido para quedarse. Ya no dura un día, y ni siquiera se ciñe al último viernes del mes de noviembre. Desde hace un par de semanas, vivimos bombardeados continuamente por descuentos y “ofertones” que nos incitan a gastar, en una exhibición constante de fiebre consumista pre-navideña, exportada directamente de Estados Unidos.

El mandato del consumo nos marca un ritmo difícil de asumir, en un año pandémico 2020 que ha dejado en evidencia nuestra fragilidad, con respecto a nuestros hábitos de producción y consumo, poniendo en cuestión el funcionamiento mismo de las bases que sostienen nuestro sistema. Es por ello que desde Cuéntamelo en Verde, queremos incidir más que nunca sobre la necesidad de reflexionar sobre el consumo responsable, en estos días en que se nos invita a ello de una manera tan evidente.

¿Qué podemos hacer estos días para tratar de no caer en un consumo absurdo y excesivo? Tratamos de reflexionar sobre ello, charlando con Ana Etchenique, vicepresidenta de CECU (Confederación de Consumidores y Usuarios). Según su opinión hay dos patas fundamentales a tener en cuenta, a la hora de generar una mayor concienciación y propiciar un cambio social en los hábitos de consumo: potenciar la difusión de información y la reflexión en torno al consumo responsable.

Para ello, es necesario invertir no solo en los proyectos sostenibles, sino también en comunicación a la hora de explicar y hacer llegar la información a los usuarios, para que sea realmente efectiva una transición hacia un consumo sostenible. “La gente se queda con las historias”, añade, aquellas que nos hablan de experiencias ligadas a alternativas que funcionan y que ya están en marcha. “Hay también que premiar y dar valor a lo que está bien hecho”, puntualiza.

Ello conlleva, según ella, a reflexionar de dónde viene lo que consumimos, hacia donde va y qué recursos se han usado para obtener ese producto. Tener también en cuenta el impacto, como afecta a nuestra vida y a los derechos humanos. Según su opinión, el punto de partida para solucionar los grandes problemas que nos acechan tendría que girar en torno a la ecología, la base para comprender las contradicciones que nos habitan a día de hoy.

“El mayor drama del consumo es la trampa de la comodidad”, afirma Etchenique. En ese sentido, opina que pese a que durante la pandemia se vivió un punto de inflexión que nos llevó a ser durante un tiempo más solidarios y más conscientes del valor de lo colectivo, paradójicamente caímos en tirar de redes de consumo éticamente dudosas, muchas veces por pura comodidad.

Malos hábitos de consumo, con su propia historia

Los hábitos de consumo sufrieron un cambio fundamental durante la II guerra mundial, con la incorporación de las mujeres al mundo laboral, generando un tipo de consumo que buscaba suplir o mejorar la comodidad de las tareas domésticas que ejercían las mujeres. El concepto de la comodidad se desarrolló con el objetivo también de hacer que los productos fueran más accesibles, abaratando los precios y alterando los alimentos para hacerlos más perdurables, potenciándose el sector de los ultra procesados, que vinieron a adquirir un mayor protagonismo, perjudicando la calidad del sistema alimentario. Además de ir ganando mayor peso el negocio de las empresas de envases, y todo lo relativo a los conservantes. Con el tiempo esto no ha hecho más que potenciar la gran brecha existente entre el mundo urbano y el mundo rural, generando una mayor ignorancia en relación al tipo de alimentos que consumimos.

Trampas del actual sistema de consumo

Por lo tanto, para combatir las trampas del actual sistema de consumo hace falta ir desmontando su funcionamiento y mostrar su impacto, en lo que respecta a los problemas de salud que causa, así como el empobrecimiento y la precariedad en las condiciones de vida de muchas personas. También ser muy consciente de “la vulnerabilidad del consumidor”, que queda excluido de una serie de bienes, en una cadena de consumo que siempre enriquece a unos y empobrece a otros.

En ese sentido, Ana Etchenique hace referencia a un informe del CECU que reflexiona en torno a los denominados “consumidores vulnerables”, en relación a todos aquellos consumidores que este sistema deja fuera. Concretamente, se preocupa por profundizar en seis grandes temas, que generan bolsas de exclusión, según el poder adquisitivo del consumidor y su dificultad para poder acceder a los siguientes recursos con una calidad que esté garantizada: La vivienda, el agua, la energía, la alimentación, la comunicación y los transportes. A la hora de hablar de consumo ético y responsable, es muy necesario ser conscientes de la desigualdad en la distribución de los recursos. Por lo tanto, os animamos a ser curiosos, críticos y activos a la hora de optar estos días por otras cadenas de consumo.

Publicado por cuentameloenverde

Cooperación, empatía e imaginación son las claves para hacer el cambio posible.

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